El amor en la vida de un seguidor de Cristo debe estar presente cada día, todo aquel que ha conocido y recibido el amor del Padre como agradecimiento debe dar a los demás eso que le ha dado el perdón. Continuamente Jesús nos recuerda la cruz, aquella entrega incondicional, dolorosa que fue solo por su gracia, para todo aquel que venga a sus pies sin importar que pecado haya cometido en el pasado ni los futuros. Esa cruz nos dice diariamente que tenemos que amar aún cuando duela, porque si duele y aún así seguimos amando es prueba de que hemos recibido el amor del Padre y que lo valoramos. Recuerdo las palabras de Jesús en mateo 26, cuando estaba en el Getsemaní a punto de ser capturado para ir a la cruz por nuestros pecados «Estoy muy triste. Siento que me voy a morir. Quédense aquí conmigo y no se duerman.», incluso le pidió a Dios que si era posible se hiciera de otra forma y no entregando su vida en la cruz y a pesar de su dolor y la angustia que sentía se entregó por...
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. Salmos 32:8